| Nombre | Cenicienta (Cinderella) |
| Género | Femenino |
| Creador | Charles Perrault |
| Aparición | Cuento «Cenicienta» (Cinderella) |
| Ocupación | Heroína de cuento |
Cenicienta es la protagonista del cuento de Charles Perrault. En la versión en la que se la conoce como Ródope, nació en Grecia y fue secuestrada por piratas, que la llevaron a Egipto, donde la vendieron como esclava.
Desarrollo del personaje
El origen del cuento de Cenicienta tiene raíces antiguas, que se remontan a siglos atrás. Una de las primeras versiones documentadas de la historia es el relato del historiador griego Estrabón, que vivió en el siglo I a. C. Él describió los hechos ocurridos a una joven llamada Ródope. Sin embargo, los investigadores consideran que las raíces de esta historia pueden encontrarse incluso antes, en los siglos VI-VII a. C., vinculándola con la obra del fabulista griego Esopo. En el antiguo Egipto existía un relato semejante sobre una mujer llamada Fotodoris, conocida por su belleza. Según la leyenda, un día, mientras Fotodoris se bañaba en el río, un águila se llevó una de sus sandalias y la entregó en el palacio del faraón. Este, al ver el elegante calzado, se encendió de pasión por la muchacha desconocida.
El cuento de Cenicienta, en distintas interpretaciones, se extendió por el mundo, adquiriendo rasgos propios en cada cultura. Sus versiones se encuentran en Italia y España, Suecia y Finlandia, Irlanda y Escocia. El rasgo principal de todas estas historias era el zapatito perdido, aunque en origen el calzado de Cenicienta no era de cristal, como quedó fijado en la literatura europea. Al principio, los zapatos se fabricaban en madera, lo que daba a los relatos un matiz sagrado. En ello se percibe la influencia de símbolos religiosos y rituales, pues el calzado en las culturas antiguas formaba parte de ritos sagrados. Además, el nombre de la heroína en muchas variantes se asociaba con la ceniza, lo que la acerca a la imagen de una sacerdotisa participante en ritos vinculados al fuego.

Con el desarrollo del comercio y los descubrimientos geográficos, los escritores europeos hallaron huellas de la historia de Cenicienta también en Asia oriental, incluida China y Corea. En las versiones locales, la heroína también sufre por el trabajo duro y las opresiones, pero recibe ayuda de fuerzas sobrenaturales que la recompensan con un pretendiente noble. En estas versiones de los cuentos se mencionan zapatitos de oro y de tela, lo que subraya la diferencia entre tradiciones culturales.
Sesenta y un años antes de que Charles Perrault presentara al mundo su interpretación de Cenicienta, el poeta y narrador italiano Giambattista Basile ya había puesto por escrito una historia semejante. En su versión, la heroína se llamaba Zezolla, y el argumento se distinguía por una mayor crueldad. Zezolla, por ejemplo, mató a su madrastra rompiéndole el cuello con la tapa de un baúl. El zapatito perdido en la interpretación de Basile era una pianella, una chancla con suela de corcho, que la heroína perdió durante un forcejeo con el criado del rey, enamorado de ella y que había ordenado llevar a la joven al palacio.
Charles Perrault, al reelaborar el argumento en 1697, dio a la historia un brillo de cuento de hadas al sustituir los zapatos corrientes de la heroína por unos de cristal. Sin embargo, existe la opinión de que no se trataba de cristal, sino de piel de ardilla, que en aquella época se consideraba un material lujoso y caro. Esta confusión, según creen los filólogos, pudo surgir por la semejanza sonora de las palabras francesas «verre» (cristal) y «vair» (piel de ardilla). No obstante, también hay quienes consideran que Perrault eligió deliberadamente los zapatos de cristal para reforzar la atmósfera mágica del cuento.
Otra versión conocida del cuento de Cenicienta pertenece a los hermanos Grimm. En su interpretación prescindieron de la presencia del hada, sustituyendo su ayuda por un avellano que la propia Cenicienta plantó y cultivó. Los encuentros de la heroína con el príncipe no se producen una sola vez, como en Perrault, sino tres, lo que añade dinamismo y dramatismo a la versión alemana del cuento.
En la trama del cuento
La versión francesa del cuento de Cenicienta, creada por Charles Perrault, se convirtió en base de numerosas obras de arte: se rodaron muchas películas de ficción y de animación, y se montaron óperas y ballets. El secreto de la popularidad del cuento reside en su argumento sencillo, pero profundamente emocional.
La trama gira en torno a un viudo acomodado, residente en un pequeño reino, que tras la muerte de su esposa criaba a su única hija. Un día decidió casarse de nuevo, eligiendo como esposa a una mujer de carácter malvado y autoritario. Ella se trasladó a su casa junto con sus dos hijas, que, como su madre, tenían mal carácter. La joven hijastra, pese a su bondad y belleza, quedó completamente sometida a la nueva esposa de su padre, que la obligó a realizar los trabajos más pesados y sucios. El padre, débil de carácter e incapaz de enfrentarse a su esposa dominante, no intervenía en lo que ocurría, dejando a su hija sin apoyo ni protección.

La joven recibió el nombre de «Cenicienta» por su costumbre de descansar junto a la chimenea, sentada sobre una caja de ceniza. Sus hermanastras y su madrastra se burlaban de ella y la humillaban constantemente, disfrutando de la riqueza del padre, que ahora les pertenecía. Mientras tanto, Cenicienta cumplía todos los encargos, vivía en la pobreza y soportaba las vejaciones.
Un día, en el reino, el príncipe Mirliflor decidió organizar un gran baile, al que fueron invitados todos los nobles y sus familias, incluida la madrastra con sus hijas. Cenicienta también soñaba con asistir a la fiesta, pero no tenía nada que ponerse salvo ropa rota y sucia, lo que hacía imposible su entrada al baile. Sin embargo, tras la salida de la madrastra y sus hijas, se apareció a la joven su hada madrina, decidida a ayudar a su ahijada. La varita mágica hizo prodigios: una calabaza se convirtió en una lujosa carroza, los ratones en gráciles caballos, una rata en cochero y las lagartijas en lacayos. El hada vistió a Cenicienta con un magnífico traje de baile y zapatos de cristal, advirtiéndole de que la magia desaparecería exactamente a medianoche.
En el baile, Cenicienta causó una impresión deslumbrante en todos, incluido el príncipe. Él quedó cautivado por su belleza y su gracia. Sin embargo, al acercarse la medianoche, Cenicienta se vio obligada a abandonar apresuradamente el palacio sin revelar su nombre y, en la prisa, perdió uno de sus zapatos de cristal.
El príncipe, fascinado y decidido a encontrar a la misteriosa joven, anunció que se casaría con aquella a quien le sirviera el zapatito. Los emisarios reales recorrieron todos los rincones del reino, pero no encontraron a ninguna joven con un pie tan pequeño. Finalmente visitaron también la casa de Cenicienta. Obedeciendo la orden de su madrastra, Cenicienta se había mantenido apartada hasta entonces, pero logró probarse el zapatito, que le quedó perfecto. En el momento en que el zapato estuvo en su pie, sus harapos se transformaron en un vestido lujoso. Las hermanastras, al comprender lo ocurrido, le pidieron perdón con temor.
Cenicienta, de buen corazón, perdonó a sus hermanas y les encontró maridos entre los cortesanos. Se casó con el príncipe y alcanzó la felicidad, convirtiéndose en símbolo de que la bondad y la constancia pueden superar cualquier dificultad.
Adaptaciones cinematográficas
A comienzos del siglo XIX, el compositor italiano Gioachino Rossini escribió una ópera cómica basada en el cuento de Cenicienta. Su obra, titulada La Cenerentola, constituye una de las primeras adaptaciones musicales de la célebre historia. Casi 80 años después, en 1899, se estrenó otra ópera, creada por el compositor francés Jules Massenet. Ese mismo año, los franceses presentaron al público el primer cortometraje basado en este cuento, en el que el papel principal fue interpretado por la actriz Bleuette Bernon, convertida en la primera Cenicienta cinematográfica.

En Rusia, una de las películas más emblemáticas basadas en el argumento de Perrault es «Cenicienta», creada por los directores Nadezhda Kosheverova y Mijaíl Shapiro. La película, estrenada en 1947, sorprendía por su decoración y su lujo, algo especialmente llamativo si se tiene en cuenta la difícil posguerra. El autor del guion fue el conocido dramaturgo Evgueni Shvarts, y la realización de la película tuvo lugar en el Leningrado hambriento de la posguerra. Los trabajadores del estudio llevaban al rodaje todo lo que podía ayudar a crear la atmósfera necesaria, incluidos retales de tela con los que se cosían los «lujosos» trajes de los héroes.
Un papel especial en el éxito de la película lo desempeñaron sus talentosos actores. La protagonista, Cenicienta, fue interpretada por Yanina Zheimo. Aunque en el momento del rodaje la actriz tenía ya 38 años, encarnó de forma convincente la imagen de una joven, algo posible gracias a una iluminación hábil y a la elección precisa del horario de rodaje: Yanina trabajaba solo por la tarde. La inimitable Faina Ranévskaya interpretó a la madrastra, aportando a este papel un colorido único. En el rodaje participaron también Vasili Merkuriev, en el papel del padre de Cenicienta; Erast Garin, como rey; y Alexéi Konsovski, como príncipe. La película se convirtió en una auténtica obra maestra del cine soviético, recordada por los espectadores no solo por sus interpretaciones, sino también por su puesta en escena cuidadosamente elaborada.
Las adaptaciones modernas del cuento de Cenicienta siguen encontrando su lugar en el cine mundial y ruso. En 2012, con motivo del Día de San Valentín, el director ruso Serguéi Ivanov estrenó la comedia romántica «Cenicienta», con Kristina Asmus en el papel principal. Esta película fue una interpretación de la historia clásica en clave nueva, conservando el romanticismo y la magia del argumento original.

En 2015, el conocido director Kenneth Branagh creó un remake del célebre largometraje animado de Disney, estrenado por primera vez a mediados del siglo XX. En la película «Cenicienta», el papel principal fue interpretado por Lily James, que transmitió toda la ternura y la magia del cuento clásico. Tras la versión estadounidense, el cine coreano presentó la serie «Cenicienta y los cuatro caballeros», que, aunque se aparta de forma notable de la historia original, está inspirada en los mismos motivos.
El cine alemán tampoco dejó de prestar atención al cuento. En Alemania se considera un clásico la película «Tres avellanas para Cenicienta», de 1973, en la que el papel principal fue interpretado por Libuse Safrankova. Esta versión, basada en la reelaboración de los hermanos Grimm, se convirtió en una de las adaptaciones más queridas de Europa, añadiendo al argumento nuevos elementos y colorido.
Así, la historia de Cenicienta, con sus raíces antiguas, sigue inspirando a directores y actores de todo el mundo, manteniéndose como símbolo invariable de esperanza, bondad y fe en el milagro.
Datos
- El estudio Walt Disney estrenó en 1950 la película de animación «Cenicienta», que se convirtió en una obra emblemática para toda una generación de espectadores y desempeñó un papel clave en la popularización de este argumento de cuento. Este largometraje animado consolidó el cuento en la cultura de masas e inspiró a posteriores generaciones de creadores. En 2010, basándose en el éxito de «Cenicienta» y de otras obras del estudio, Disney estrenó la película de animación «Enredados», creando una nueva imagen de princesa inspirada en argumentos clásicos.
- El cuento de Cenicienta tiene equivalentes también en la cultura eslava. En Rusia y Ucrania existen cuentos populares con argumentos parecidos, como «Chernushka» y «El zapatito de oro», que también narran la historia de una joven buena y modesta que atraviesa pruebas y encuentra la felicidad gracias a su bondad y laboriosidad. Estas historias, aunque no son idénticas en su argumento, reflejan motivos semejantes que subrayan los valores de la humildad y la recompensa por las buenas acciones.
- Cenicienta se ha convertido en la cultura moderna no solo en una imagen cinematográfica, sino también artística. En el proyecto fotográfico de la célebre fotógrafa Annie Leibovitz, realizado al estilo de la publicidad del estudio Disney, esta imagen de cuento fue encarnada por Scarlett Johansson. La campaña publicitaria, en la que estrellas de Hollywood se transformaban en personajes de cuentos conocidos, fue recordada por su creatividad y su alto nivel artístico. Además de Scarlett, participaron en este proyecto celebridades como Beyoncé, que apareció como Alicia de «Alicia en el país de las maravillas», y Rachel Weisz, que interpretó a Blancanieves.