Marte

Marte es el dios de la guerra, uno de los dioses más antiguos de Italia y Roma, integrante de la tríada de divinidades que originalmente encabezaban el panteón romano. Es el padre de Rómulo, antepasado y protector de Roma.

Imagen mítica

Como dios de la fertilidad y patrono de la vegetación, Marte desempeñaba un papel importante en la vida religiosa de los antiguos romanos. Su estatus era doble: por un lado, se le veneraba y respetaba como protector de los sembrados y de los animales domésticos; por otro, se temía su ira, pues se creía que, en su estado furioso, podía dañar la cosecha o el ganado. Sin embargo, se consideraba que si se apaciguaba a esta divinidad las desgracias pasarían de largo. El Marte benévolo protegía la cosecha de las duras condiciones meteorológicas propias de las regiones septentrionales de Italia, ahuyentaba las fuerzas malignas, ayudaba a pastorear el ganado y sostenía la economía doméstica.

El nombre conservado de Marte, Gradivo, tiene un sentido profundo relacionado con sus funciones. Su etimología se remonta a la palabra «aumentar», lo que señala el papel de la divinidad en el incremento del rebaño y de la cosecha. Además, los investigadores creen que este nombre pudo proceder del verbo «caminar», lo que lo vincula con la imagen del dios que conduce al ejército hacia delante. Cuando Marte empezó a asociarse con la guerra, este aspecto de su nombre adquirió un nuevo significado: apareció como el caudillo que marcha al frente de las legiones romanas.

Con el tiempo, las funciones de Marte se ampliaron de forma considerable. Se convirtió en protector de las murallas de la ciudad y combatía en el campo de batalla junto a Belona, diosa de la guerra. Aunque a menudo se lo compara con el dios griego Ares, entre ambos existía una diferencia importante: Ares simbolizaba el lado destructivo de la guerra, lleno de crueldad y caos, mientras que Marte encarnaba el orden y la defensa. Los romanos veían en él a un creador de paz que no solo ayudaba a conquistar nuevos territorios, sino que también aseguraba su bienestar y su protección frente a los enemigos. Belona, en cambio, encarnaba el caos y la destrucción de la guerra.

Los romanos ofrecían generosos sacrificios a Marte antes de las batallas y, después de la victoria, le entregaban como regalo el mejor caballo de su carro. En el palacio real se conservaban los atributos sagrados de Marte: su lanza y su escudo, que, según la leyenda, cayó del cielo como presagio de los éxitos militares del pueblo romano. Más tarde, por orden del rey Numa Pompilio, se fabricaron once copias de ese escudo para confundir a posibles ladrones y evitar el robo del verdadero. También existe una versión según la cual estas armas se guardaban en un templo construido especialmente en honor de Marte.

Al templo de Marte acudían también quienes habían perdido familiares y seres queridos por asesinatos injustos, para pedir al dios venganza y justo castigo. Creían que la divinidad ayudaría a restablecer la justicia y castigar a los culpables.

Uno de los templos más antiguos de Marte fue levantado fuera de la ciudad, en un lugar donde antes había tierras de cultivo. Ese territorio recibió el nombre de Campo de Marte y se convirtió en el sitio donde se realizaban los entrenamientos de los soldados romanos, ya que la ley prohibía la entrada de hombres armados en la ciudad. Sin embargo, el ejército vencedor, al regresar de los campos de batalla, podía atravesar solemnemente la ciudad tras reunirse previamente en ese campo.

Después, el culto a Marte alcanzó una altura sin precedentes: su imagen empezó a decorar monedas, y el propio dios fue venerado como «vencedor» y «ayudante en la expansión del imperio». Los romanos siguieron percibiéndolo como un patrono de doble rostro: dios de la guerra y dios de la fertilidad. Sin ver contradicción en sus funciones, celebraban tres fiestas clave en su honor a lo largo del año: en primavera, para pedir una cosecha abundante; al comienzo del año, al abrir la temporada militar; y en otoño, al terminar las campañas, para agradecer las conquistas logradas.

En la mitología antigua

Según la leyenda romana antigua, Marte era hijo de Júpiter y Juno y, como fruto de su amor, ocupó un lugar especial en el panteón de los dioses. Tomó por esposa a Nerio, diosa que simbolizaba el valor, aunque a veces también se la identificaba con otras divinidades, como Venus y Minerva. En los campos de batalla, Marte aparecía a menudo rodeado de divinidades menores pero importantes, como Pavor y Palor, responsables del miedo y el terror, así como Virtus y Honor, personificaciones del valor y el honor.

Se sabe que Marte tuvo hijos con distintas heroínas. Una de las más importantes fue la vestal Rea Silvia, que le dio hijos gemelos: Remo y Rómulo, futuro fundador de Roma. Esta historia desempeñó un papel importante en la mitología, ya que Rómulo se convirtió en símbolo del inicio y la formación de la propia Roma, lo que reforzó aún más el culto de Marte entre los romanos.

La mitología también conservó el relato del fallido romance de Marte con la diosa Minerva. Enamorado de ella, Marte pidió ayuda a Anna Perenna, una anciana diosa, solicitando su apoyo para conquistar el corazón de Minerva. Pronto Anna llevó la feliz noticia de que Minerva estaba dispuesta a casarse con Marte. Sin embargo, cuando el dios, lleno de alegría anticipada, corrió hacia su elegida y levantó el velo de su rostro, descubrió con horror que ante él no estaba Minerva, sino la propia Anna Perenna. Este episodio dio pie a bromas entre los dioses, que rieron largo tiempo de la ingenuidad de Marte y la astucia de la anciana.

Existe otra leyenda que vincula a Marte con la diosa del amor Afrodita, Venus en la mitología romana. Su unión inspiró a muchos artistas, entre ellos Rubens, que creó varias obras maestras sobre este tema. De la unión de Marte y Venus nacieron la hija Harmonía y el hijo Eros o Cupido, lo que simbolizaba la alianza entre la fuerza guerrera y el amor, conducente a la armonía y el entendimiento mutuo.

Es notable que, pese a su papel como dios de la guerra, en las obras de los antiguos artistas y escultores Marte rara vez apareciera en plena batalla. La mayoría de las veces se lo representaba en una pose tranquila y relajada, como si descansara tras duros combates, lo que subrayaba su fuerza y seguridad en sí mismo.

En la cultura

Marte apareció por primera vez en pantalla con forma humana en 1961 gracias a la película del director Richard Pottier El rapto de las sabinas. En esta obra se cuenta cómo Rómulo, fundador y gobernante de Roma, al enfrentarse a una aguda escasez de mujeres en su ciudad, elaboró un ingenioso plan para corregir la situación. Sabiendo que el pueblo vecino de los sabinos tenía muchas jóvenes hermosas, organizó unos Juegos Olímpicos junto a las murallas de Roma para atraer su atención. El plan funcionó: muchachas de las tierras cercanas acudieron a ver el espectáculo, y Rómulo aprovechó el momento. En esta versión de la historia, Marte fue interpretado por el famoso actor Jean Marais, que aportó a su imagen nobleza y valentía, rasgos propios del dios antiguo.

Un año después, en 1962, Marte volvió a aparecer en las pantallas, esta vez en la película Marte, dios de la guerra, dirigida por Marcello Baldi. En esta cinta, el papel del dios lo interpretó el actor estadounidense Roger Browne, que conquistó al público femenino con su aspecto viril y su fuerza física. En la película se desarrolla una batalla épica entre el ejército del conquistador Afros y las tropas del rey Cronos. Afros, al mando de un implacable ejército negro, conduce sus fuerzas al combate, pero, pese a todos sus esfuerzos, su ejército empieza a sufrir derrotas. La situación cambia cuando un traidor del ejército de Cronos abre las puertas de la ciudad y permite la entrada de los enemigos. Entonces Júpiter decide intervenir y envía en ayuda a su hijo Marte, que desciende de los cielos para apoyar a los defensores de la ciudad.

Según el argumento de la película, el joven y hermoso Marte se enamora de Dafne, la hija menor del rey Cronos, interpretada por la actriz Jocelyn Lane. Sin embargo, el amor por Dafne enfrenta a Marte a una situación nueva y complicada: la muchacha está destinada a ser vestal, sacerdotisa que ha consagrado su vida a la diosa Vesta. Para salvar a su amada, Marte debe enfrentarse a su propia hermana, Venus. Este conflicto entre los deberes y los sentimientos personales se convierte en el clímax de la película, añadiendo dramatismo y subrayando la complejidad del carácter del dios de la guerra.

Datos interesantes

  • Las tres vidas de Marte: los antiguos romanos atribuyeron a Marte una capacidad especial: poseía tres vidas, lo que simbolizaba su fuerza y su presencia eterna en los mundos de la guerra y la fertilidad.
  • Animales sagrados: entre los animales sagrados relacionados con Marte tenían especial importancia el lobo, el toro, el caballo y el pájaro carpintero. El lobo era símbolo de belicosidad y fuerza; el toro personificaba la fertilidad y el poder; el caballo se asociaba con la guerra y la velocidad; y el pájaro carpintero era considerado mensajero y protector.
  • Esculturas de Marte: la imagen de Marte quedó plasmada en numerosas esculturas que lo glorificaban como dios de la guerra. Una de sus representaciones más conocidas fue la estatua que adorna la Puerta de Brandeburgo en Berlín, donde aparece como símbolo de fuerza e inquebrantabilidad.
  • El planeta Marte: ya en la Antigüedad, Marte era llamado el planeta «sangriento» por su color rojo, que recordaba la sangre y las batallas. En 1877, el astrónomo estadounidense Asaph Hall descubrió dos satélites de este planeta, que recibieron los nombres de Fobos y Deimos, que en griego significan «miedo» y «terror», respectivamente. Resulta sorprendente que la existencia de estos satélites fuera mencionada 150 años antes de su descubrimiento por Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver, como una peculiar predicción literaria muy anterior al hallazgo científico.