Lilith es un personaje de la mitología del antiguo Próximo Oriente, que se remonta a creencias sumerio-acadias. En la tradición mesopotámica, bajo nombres semejantes aparecen demonias nocturnas consideradas peligrosas para los niños y para los hombres durante el sueño. En algunas variantes se las menciona en relación con la Epopeya de Gilgamesh, donde figura un espíritu cercano por sus funciones a la imagen de Lilith.
Ya en la tradición judía, la imagen de la demonia se transformó: en los Manuscritos del mar Muerto y en varios textos apócrifos aparecen seres que seducen a los hombres y dañan a parturientas y recién nacidos. Estos rasgos se fijaron más tarde también en los mitos árabes, donde Lilith o personajes semejantes eran interpretados como espíritus nocturnos tentadores.
El nombre Lilith en la tradición hebrea antigua y del Próximo Oriente tiene un origen complejo y refleja la superposición de varias capas lingüísticas y culturales. En consecuencia, la forma lilit se entiende como un adjetivo femenino: «nocturna», lo que enlaza con la imagen de una demonia que actúa precisamente en las horas oscuras.

Los investigadores consideran que el propio nombre y las representaciones mitológicas asociadas a él fueron tomados de la tradición mesopotámica, donde existían personajes similares. En sumerio, la palabra lil significaba «espíritu», «aire» o «viento», y en acadio lilu se vinculaba con los espíritus nocturnos. Según la observación del sumerólogo V. V. Emelianov, en el nombre lilitu podía haber un juego lingüístico que unía sonido y sentido sumerios y acadios. Esto contribuyó a formar la idea de esos demonios como espíritus-fantasma nocturnos.
Otra capa de significado está relacionada con el simbolismo zoológico. En hebreo, la palabra «lilit» designaba un ave nocturna: un cárabo o un búho. Por eso, en la iconografía tardía Lilith aparece a menudo acompañada de búhos, lo que refuerza su relación con la oscuridad y los peligros de la noche.
Con el tiempo, el nombre Lilith dejó de ser solo el nombre propio de un personaje concreto y pasó a convertirse también en una denominación común para un demonio femenino en la demonología judía. Así, absorbió tanto raíces sumerio-acadias como interpretaciones hebreas, hasta transformarse en un símbolo estable de la tentación nocturna y de la amenaza.
Lilith en la tradición sumerio-acadia y bíblica
En la década de 1930, el sumerólogo Samuel Noah Kramer vinculó por primera vez a la demonia Ki-sikil-lil-la-ke, mencionada en el prólogo de la versión sumeria de la Epopeya de Gilgamesh, con la imagen de Lilith. El texto dice que se instaló en la copa de un árbol plantado por la diosa Inanna en su jardín y que solo lo abandonó tras la intervención de Gilgamesh. Esta interpretación resultó discutida: muchos investigadores dudaron de la legitimidad de identificar directamente al personaje sumerio con la demonia hebrea.
En la mitología asirio-babilónica existían demonios masculinos lilu y espíritus femeninos lilitu y ardat lilî. En los conjuros, estos seres se mencionaban juntos y se caracterizaban como estériles e impotentes; sin embargo, a los demonios femeninos se les atribuía seducir a los hombres y dañar a parturientas y niños. Muchos investigadores consideran que estas figuras proceden de la tradición sumeria, ya que los propios nombres tienen origen sumerio. El asiriólogo francés Charles Fossey señalaba que Lilith fue precisamente el único demonio asirio que se difundió entre otros pueblos semitas.
La tradición bíblica también quedó vinculada con esta imagen. En el libro del profeta Isaías (Is. 34:14) aparece la palabra lilit, que los traductores y comentaristas antiguos interpretaron de distintas formas. Unos la consideraban el nombre de un demonio; otros, el nombre de un ave nocturna. La investigadora estadounidense Judith Blair sostuvo en su tesis doctoral (2009) que en el original se hablaba precisamente de un ave, y que en el «Rollo de Isaías» de Qumrán la palabra aparece en plural. El archimandrita Job (Gumerov) también subrayaba que, en el contexto del libro de Isaías, es más correcto entender lilit como un animal y no como un espíritu.
Las traducciones de la Biblia fijaron variantes distintas. En la Septuaginta, traducción griega de los siglos III-I a. C., el nombre no se dejó sin cambios, sino que se vertió como onokentauros («medio asno, medio hombre»). En la Vulgata de los siglos IV-V, Jerónimo de Estridón utilizó el latín lamia, acercando la imagen a las representaciones grecorromanas de monstruos femeninos. En las traducciones eslavas se conservó «onocentauro». Las Biblias inglesas de los siglos XVI-XVII, la de Ginebra (1560) y la del rey Jacobo (1611), interpretaron ya la imagen como screech owl («lechuza»). En traducciones posteriores se fijaron variantes como «búho nocturno», «monstruo nocturno» o directamente «Lilith».
Lilith en la tradición judía
En el Talmud, Lilith aparece como un demonio con rostro femenino, largos cabellos y alas. Se la describe como un ser capaz de poseer al hombre durante el sueño, inspirarle imágenes y tentarlo. En algunas leyendas talmúdicas, Lilith es llamada madre de Ahrimán, personificación persa del mal, y también espíritu que danzaba ante el rey Salomón, dueño del poder sobre los espíritus. Se la relaciona con la tradición de los 130 años de aislamiento de Adán tras la caída, cuando engendró descendencia con seres demoníacos, los lilin.
La imagen de Lilith se desarrolla con mayor detalle en el tratado medieval Alfabeto de Ben Sira (siglos IX-X). Según este apócrifo, Lilith fue la primera esposa de Adán. Se negó a someterse a su marido, al considerarse una creación de Dios igual a él. Tras pronunciar el nombre secreto de Yahvé, Lilith se elevó por los aires y abandonó a Adán. Dios envió tras ella a tres ángeles: Senoy, Sansenoy y Semangelof. Alcanzada junto al mar Rojo, se negó a volver. A cambio, Lilith juró perdonar a los niños protegidos por amuletos con su nombre o con los nombres de los ángeles. Distintas versiones del castigo la describen como estéril, condenada a parir demonios o a perder un centenar de hijos cada noche.
En la tradición popular, Lilith se fijó ante todo como dañadora del parto y de los niños. Se le atribuía el rapto de recién nacidos, el daño a las parturientas, la esterilidad, así como beber sangre y devorar el cerebro de los niños. Se creía que era especialmente peligrosa la noche anterior a la circuncisión de un varón. Para protegerse, las familias judías colgaban junto a la cuna amuletos con los nombres de los ángeles, utilizaban conjuros y ponían un hilo rojo en la mano del bebé, símbolo que ahuyentaba a Lilith porque temía el color rojo. El padre del niño debía leer esas noches fragmentos del Zohar y de otros libros cabalísticos.
En varias fuentes cabalísticas, la imagen de Lilith se complica: se mencionan la Lilith Mayor («abuela Lilith»), esposa de Samael, y la Lilith Menor, esposa de Asmodeo. Sin embargo, ambas interpretaciones se unen en la idea de una misma demonia, reina de los espíritus oscuros.
Lilith en la cábala y la cultura medieval
En la tradición cabalística, Lilith se consolidó como una diablesa que se aparece en sueños a los hombres solteros y los seduce. En el Zohar, uno de los textos centrales de la mística judía, Lilith se describe como esposa de Samael y madre de demonios. El investigador Gershom Scholem consideraba que esta idea se remonta a un préstamo del apócrifo medieval Alfabeto de Ben Sira, donde se formula por primera vez la leyenda de Lilith como primera esposa de Adán.

La imagen recibió un desarrollo especial en el tratado Sobre la emanación izquierda. En él se dice que de la unión de Lilith y Samael nació un Dragón ciego. Para que su descendencia no apareciera en el mundo, fue castrado. No obstante, de los «huevos» de origen demoníaco surgen seres llamados lilin. Estos demonios se representan cubiertos de pelo por todo el cuerpo, excepto en la cabeza.
En la Edad Media, las ideas sobre Lilith se transformaron. Dejó de asociarse con la serpiente y se fijó en la conciencia como espíritu de la noche. En unas leyendas se la imaginaba como un ángel relacionado con el nacimiento de los niños; en otras, como una demonia que atormenta a quienes duermen solos o a los viajeros en el camino. En las creencias populares, Lilith solía describirse como una mujer alta, de largos cabellos negros sueltos, silenciosa y misteriosa.
En la cultura y el arte europeos
En la Europa del Renacimiento, el interés por la cábala favoreció la entrada del motivo de Lilith como primera esposa de Adán en la literatura y la filosofía. Si en la tradición judía su belleza se entendía solo como una máscara engañosa, en la percepción europea Lilith empezó a encarnarse en la imagen de una mujer hermosa dotada de atractivo mágico.
La pintura de los prerrafaelitas desempeñó un papel clave en la fijación de su imagen romántica. Especial importancia tiene el lienzo de Dante Gabriel Rossetti Lady Lilith (1866), donde la heroína aparece como una belleza fatal de largos cabellos sueltos. Esta interpretación consolidó en Lilith los rasgos de una seductora demoníaca, pero ya no como un espíritu monstruoso, sino como una mujer fatal.
En los siglos XIX y XX, la imagen de Lilith se utilizó ampliamente en la literatura. Entre los ejemplos figuran la novela Lilith de George MacDonald, el relato «La hija de Lilith» de Anatole France, el poema «Intento de celos» de Marina Tsvetáieva, el poema en prosa Lilith de Avetik Isahakyan y la novela corta de Lidia Obújova (1966). En todas estas obras se contrapone a la Eva cotidiana y terrenal con una Lilith místicamente atractiva.
En la cultura más reciente, Lilith sigue siendo una imagen popular. Su figura aparece en el cine y en videojuegos, donde casi siempre se la presenta como una seductora demoníaca o una diosa oscura. El nombre Lilith también pasó a formar parte de la nomenclatura científica: con él se nombró una nueva especie de hormiga, Carebara lilith.