Hades

Hades es el dios supremo de la muerte y del reino subterráneo de los muertos en la mitología griega. Hijo mayor de Crono y Rea, hermano de Zeus, Poseidón, Hera, Deméter y Hestia, y esposo de Perséfone.

Origen y papel de Hades en la mitología griega antigua

El nombre de Hades tiene un origen incierto, aunque en griego antiguo se relacionaba con varias palabras, como ἀϊδής («invisible»), ἀΐδιος («eterno»), ἀϊδνός («sombrío») y αἰδοῖος («venerable, compasivo»). También se asociaba con el concepto αἰδώς, que significaba a la vez «temor reverencial, respeto» y «misericordia», así como con ἀΐδηλος («que hace invisible»), que puede interpretarse como «destructivo» o «misterioso, sombrío».

Según la Teogonía de Hesíodo, Hades fue devorado por su padre, Crono, junto con los demás hijos, pero más tarde fue liberado por Zeus. Según la versión de Higino, fue arrojado al Tártaro. Tras la victoria sobre los titanes y el reparto del mundo entre los hermanos Zeus, Poseidón y Hades, a este último le correspondió el reino subterráneo, donde gobernaba las sombras de los muertos. Además de su papel como señor del más allá, Hades era considerado también dios de las riquezas subterráneas, pues se creía que los metales preciosos y las cosechas procedían de las entrañas de la tierra.

Imagen de Hades en la literatura antigua

Homero describe a Hades como un señor severo pero justo del mundo subterráneo, llamándolo «generoso» y «hospitalario», ya que ningún mortal puede escapar de su reino. En algunas tradiciones custodia personalmente las puertas del Hades y lleva el epíteto de «Zeus subterráneo», que subraya su poder sobre el mundo invisible.

Con el tiempo, la imagen de Hades experimentó cambios. En los textos arcaicos se presenta exclusivamente como un temible dios de la muerte, pero más tarde, bajo la influencia de los misterios eleusinos, comenzó a asociarse con la fertilidad y la riqueza. Esto se reflejó también en sus nombres: al principio, los griegos evitaban pronunciar el nombre «Hades» y lo sustituían por eufemismos. El más extendido fue Plutón, que significa «rico», y que acabó desplazando el antiguo nombre Hades en el siglo V a. C. Como resultado se produjo una peculiar integración de la imagen de Hades y Pluto, dios de las riquezas terrestres, lo que suavizó la percepción de él como mero señor de la muerte.

Simbología y atributos

La esposa de Hades, Perséfone, compartía con él el poder sobre el más allá, pero también era considerada protectora de la fertilidad, lo que reforzó aún más la relación de Hades con los ciclos vitales de la naturaleza.

Uno de los atributos más conocidos de Hades era su casco mágico (Ἄϊδος κυνέην), entregado por los cíclopes. Este casco hacía invisible a su portador y fue utilizado no solo por el propio Hades, sino también por otros héroes: Perseo se lo puso para vencer a Medusa Gorgona, Atenea lo empleó al ayudar a Diomedes y Hermes lo usó durante la Gigantomaquia.

El cetro de Hades, o Plutón, se representaba a veces con tres perros, lo que podía simbolizar su vínculo con Cerbero, el perro de tres cabezas que custodiaba la entrada al reino subterráneo.

Resulta interesante que el filósofo Heráclito identificara a Hades con Dioniso, lo que muestra la profunda interrelación entre el culto de la muerte y el renacimiento en el pensamiento religioso de la antigua Grecia.

Hades y el culto del señor subterráneo

Hades, uno de los dioses olímpicos, aunque formaba parte del panteón de los grandes dioses de Grecia, pasaba la mayor parte del tiempo en su reino subterráneo. Rara vez salía de sus dominios, apareciendo en la tierra solo por asuntos importantes o cediendo a algún nuevo impulso amoroso. La historia más conocida vinculada con su intervención en el mundo de los vivos es el rapto de Perséfone, hija de Zeus y Deméter.

Según el mito, Hades apareció en un carro tirado por cuatro caballos negros y se llevó a Perséfone al mundo subterráneo cuando ella recogía flores. Este mito se localizaba en diversas partes de Grecia, pero fue especialmente popular en Eleusis y Sicilia.

Perséfone, reina del mundo subterráneo

Tras el rapto de Perséfone, su madre, la diosa de la fertilidad Deméter, dominada por el dolor, se negó a cumplir sus obligaciones, lo que provocó la pérdida de las cosechas y una terrible hambruna. La intervención de Zeus se hizo necesaria: ordenó a Hades devolver la hija a Deméter. Sin embargo, Hades, sabiendo que quien comiera alimento del más allá no podría abandonarlo definitivamente, hizo que Perséfone comiera con astucia varios granos de granada. Como resultado, quedó condenada a permanecer para siempre parte del año en el mundo subterráneo. Según la decisión de Zeus, pasa dos tercios del año con su madre, simbolizando el florecimiento y la fertilidad, y un tercio con Hades, lo que en la mitología correspondía al periodo otoñal e invernal.

En la tradición clásica, Hades y Perséfone no tuvieron descendencia, aunque en algunos mitos tempranos se menciona al hijo Zagreo, también asociado con Dioniso.

Culto de Hades y sus particularidades

El culto de Hades en Grecia fue reducido. Los griegos evitaban su nombre por miedo a atraer su atención y rara vez le construían templos. Según Pausanias, la excepción era Élide, donde una vez al año se abría un templo de Hades accesible solo a los sacerdotes. Esto reflejaba simbólicamente la idea de que los mortales solo pueden descender al reino subterráneo una vez: después de la muerte.

Con mayor frecuencia, el culto de Hades se unía a la veneración de otras divinidades ctónicas, como Perséfone o Deméter. Al mismo tiempo, no actuaba solo como dios de los muertos, sino también como guardián de las riquezas subterráneas y de los bienes de la tierra. Sus lugares de culto se encontraban cerca de cuevas y profundas grietas, consideradas entradas al reino de los muertos. A Hades se le sacrificaban principalmente animales negros, en especial toros.

Hades en la tradición romana

En la mitología romana, el equivalente de Hades era Orco, considerado también señor del mundo subterráneo. Sin embargo, el nombre Pluto (Plutón) se difundió en Roma relativamente tarde. Así, en Livio, al describir el sacrificio de Decio Mus en nombre de los dioses subterráneos, no aparece mención al nombre de Plutón, lo que habla de la entrada tardía de este epíteto griego en la cultura romana.