Dos chispazos para una misma pregunta
Las novelas no siempre empiezan con un personaje o con una escena. En el caso de Expediente Serotonina, Pere Colomer Domènech identifica dos estímulos concretos: una entrevista de la contraportada de La Vanguardia sobre los capitanes negreros de El Masnou y un verso de «Que boig el món», de Lax’n’Busto.
A primera vista pertenecen a mundos distintos. Uno remite a un episodio histórico vinculado al comercio de esclavos; el otro, a la música. Sin embargo, ambos desembocaron en una inquietud capaz de sostener una novela entera: ¿se nace malvado o uno se hace?
La pregunta no tiene una respuesta fácil, y ahí reside buena parte de su fuerza narrativa. Permite hablar de actos crueles, pero también de las circunstancias, las decisiones y las explicaciones con las que intentamos entenderlos.
Qué aporta la ciencia a la ficción
Para trasladar esa inquietud al terreno del thriller, la obra incorpora conceptos científicos reales como la serotonina y el gen MAOA, relacionados con líneas de investigación sobre el comportamiento y la agresividad.
La serotonina es un neurotransmisor que interviene en numerosos procesos del organismo. MAOA, por su parte, es un gen relacionado con una enzima que participa en la degradación de determinadas sustancias neurotransmisoras. Su aparición en estudios sobre conducta no significa que exista un gen capaz de determinar por sí solo si alguien será violento.
Los comportamientos humanos no pueden explicarse de manera rigurosa mediante un único neurotransmisor, gen o factor ambiental. Por eso resulta importante distinguir entre una hipótesis científica, una asociación estudiada por investigadores y una conclusión definitiva sobre una persona concreta.
En la novela, estas cuestiones forman parte del universo intelectual de Melvin Peaks, un neurocientífico canadiense que quiere comprender las mentes criminales. La ficción le permite formular teorías, discutirlas y llevarlas al límite de una investigación policial, sin que eso obligue a convertir sus hipótesis en certezas científicas.
La documentación y las preguntas que quedan abiertas
La presencia de esos conceptos aporta verosimilitud al conflicto que interesa al autor. No se trata únicamente de resolver una cadena de muertes, sino de preguntarse cuánto pueden influir la biología, la educación, el ambiente y la historia individual en aquello que hacemos.
El contraste se vuelve especialmente claro al situar las interpretaciones de Peaks frente al trabajo del inspector Jaume Albertí. Una explicación sobre el comportamiento puede resultar sugerente, pero una investigación criminal necesita pruebas para establecer hechos y responsabilidades.
La documentación científica que sirve de marco a la novela abre, por tanto, una conversación más amplia sobre la responsabilidad moral. Encontrar factores que ayuden a entender una conducta no equivale a justificarla.
El interés de Expediente Serotonina está precisamente en unir un origen muy concreto —una noticia, un verso y una pregunta— con una historia de ficción donde esas ideas adquieren consecuencias narrativas. La ciencia no resuelve por arte de magia el problema del mal: ayuda a formularlo con más matices.